En 2014, Principal Financial Group —dueño de AFP Cuprum— creó otra AFP, Argentum, sin clientes ni historia, con un solo fin: fusionarla con Cuprum para activar un beneficio tributario, el 'goodwill', que le permitió no pagar ~US$130 millones en impuestos. La Superintendencia lo autorizó; la Contraloría dictaminó que esa autorización no se ajustaba a derecho; y la justicia, años después, validó la fusión. Nadie fue condenado. Es el caso que muestra el filo entre lo legal y lo justo.
A diferencia de los otros casos de este registro, en Cuprum no hubo robo, engaño ni condenados. Hubo algo más incómodo: una maniobra tributaria que la propia justicia terminó avalando, pero que le costó al fisco ~US$130 millones y que la Contraloría calificó de irregular. El caso que obliga a preguntarse: ¿lo legal es siempre lo justo?
El mecanismo fue puramente contable: crear, fusionar y descontar. Paso a paso:
No hubo robo ni engaño a un cliente: fue ingeniería tributaria. Crear una empresa para fusionarla consigo misma y, de paso, pagar mucho menos al fisco. Léelo de arriba hacia abajo:
La clave es la diferencia entre valor libro y valor de mercado. En los libros, una AFP “vale” poco (oficinas, computadores). Pero su valor real es enorme: el flujo futuro de comisiones de miles de afiliados — un intangible que no aparece en la contabilidad. Cuando alguien compra una empresa pagando más que su valor libro, esa diferencia se llama goodwill (o “menor valor”), y la ley de la época permitía descontarla como gasto de las utilidades durante años.
El problema: Principal ya era dueño de Cuprum. No se puede “comprar” lo que ya tienes. Por eso creó Argentum, una AFP-cascarón, y la hizo comprar Cuprum a valor de mercado (muy por encima del valor libro). Acto seguido fusionó ambas. Sobre el papel apareció una “compra por sobre el valor contable” — y con ella un goodwill gigante, deducible de impuestos. En la realidad económica no cambió nada: el mismo dueño, la misma AFP, los mismos afiliados.
¿Impuesto de qué? Del impuesto a la renta de primera categoría — el que pagan las empresas sobre sus utilidades. Al inflar los “gastos” con ese goodwill, Cuprum mostró menos utilidad y pagó menos impuesto durante una década: los ~US$130 millones que el fisco dejó de recibir. La reforma tributaria de 2014 cerró precisamente este resquicio.
El “goodwill” se descuenta de la base imponible. Mientras más alto el valor de la fusión y la tasa, más impuesto se ahorra — repartido en 10 años. Mueve las perillas:
Lo más revelador de Cuprum es que, cuando ocurrió, no existía la herramienta legal para frenarlo. La maniobra era “legal” porque a la ley le faltaba una pieza. Esto es lo que faltaba — y lo que hoy sí existe:
La lección: el caso no se evitó porque la ley iba un paso atrás de la ingeniería tributaria. Hoy la Norma Antielusión permitiría al SII cuestionar una operación así. Pero la herramienta más constante sigue siendo la fiscalización ciudadana: pedir la información pública, cruzarla y exponerla — exactamente lo que hace esta revista.
Cuprum es el caso que más incomoda a este registro: no hay condenados. La justicia validó la fusión y, en estricto rigor, la maniobra cabía dentro de la ley. Pero la Contraloría la objetó y el fisco —es decir, todos— dejó de recibir ~US$130 millones. Muestra que el problema no siempre es el delito: a veces es lo que la ley permite. Por eso entra acá, con su veredicto explícito: elusión validada, no delito condenado.