En 2003, un holding financiero en crisis —Inverlink— infiltró el Banco Central y CORFO para sobrevivir: una secretaria le filtraba información reservada del Banco Central y el tesorero de CORFO le robaba depósitos a plazo de las bóvedas. Se apropiaron de ~$85.000 millones (US$105M de la época) y casi gatillaron una corrida que pudo quebrar el sistema financiero. Los condenados cumplieron sus penas en libertad.
Todo se destapó por un correo rebotado: el presidente del Banco Central, Carlos Massad, descubrió que su secretaria filtraba información reservada a la corredora Inverlink. Tirando de ese hilo apareció algo mucho mayor: Inverlink había infiltrado CORFO y le robaba depósitos a plazo para sobrevivir a su propia crisis. El sistema financiero estuvo a un paso del colapso.
Lo que hace único a Inverlink es cómo sacó la plata: no estafando a clientes, sino metiendo cómplices dentro del Banco Central y de CORFO. Paso a paso:
No fue un hackeo ni una estafa de papel: fue infiltrar dos instituciones del Estado para sacar plata real. Lee el esquema de arriba hacia abajo:
El holding de Monasterio acumulaba malos negocios. Necesitaba liquidez urgente para no caer.
Una secretaria del presidente del BC (pareja de un gerente de Inverlink) le filtraba información reservada del mercado.
El tesorero de CORFO, Javier Moya, robaba depósitos a plazo guardados en las bóvedas de la institución estatal.
Inverlink usaba esos documentos (que valen dinero) como garantía para pedir préstamos y aparentar solvencia, y los vendía en el mercado.
Al destaparse (un mail rebotado), nadie quiso operar con Inverlink. CORFO perdió ~$85.000M y por poco se gatilla una corrida financiera.
Javier Moya era tesorero de CORFO: tenía acceso legítimo a la custodia donde la institución guardaba sus inversiones, principalmente depósitos a plazo y pagarés emitidos a su favor. Muchos de esos instrumentos eran endosables — es decir, quien los tuviera físicamente y los endosara podía cobrarlos o transferirlos, casi como un cheque al portador. Moya sacaba los papeles de la bóveda y se los entregaba a Inverlink, que los endosaba, vendía o daba en garantía en el mercado para conseguir caja. Mientras los vencimientos no llegaran y nadie auditara la custodia, el faltante quedaba oculto: en los registros de CORFO el depósito “seguía ahí”, pero el papel ya estaba circulando afuera. Por eso bastó un correo electrónico para que todo el castillo se derrumbara.
Mueve las perillas: cada ronda es un lote de depósitos a plazo robado de las bóvedas. La misma plata sale de CORFO y entra a Inverlink. El caso real llegó a ~$85.000M.
Pese a un fraude de ~US$105 millones que casi quiebra el sistema, las penas fueron bajas y se cumplieron en libertad. CORFO recuperó cerca de dos tercios de lo robado.
Las afirmaciones del caso, separando el dato del relato:
Inverlink robó a CORFO y al Banco Central infiltrando funcionarios. Lo que falló fueron los controles internos y la custodia de instrumentos financieros del Estado.
La lección: Inverlink mostró lo frágiles que eran los controles del Estado: bastaron un par de cómplices para vaciar la caja de CORFO. La custodia electrónica cerró ese resquicio físico — pero las penas en libertad por un fraude que casi quiebra el sistema siguen siendo la marca de la justicia desigual.
Inverlink robó instrumentos de las bóvedas de CORFO infiltrando funcionarios. Era un fraude interno y técnico — prácticamente imposible de ver desde afuera, y todavía difícil hoy.
Un civil no puede auditar las bóvedas ni las cuentas internas donde ocurrió el fraude — eso es competencia de la Contraloría y la justicia. Inverlink se destapó por un correo y una investigación judicial. Lo que falta: auditoría continua y pública de las custodias del Estado, en tiempo real.
Inverlink es el caso más antiguo del registro y el que mostró lo frágiles que eran los controles del Estado: bastaron un par de cómplices bien ubicados para vaciar la caja de CORFO y poner en jaque al sistema financiero entero.
Y ya en 2003 anticipaba el patrón del registro VIP: fraude enorme, daño al fisco, y penas cumplidas en libertad. Dos décadas después, CORFO seguía persiguiendo lo que le robaron.