Seis navieras que transportaban casi todos los autos importados a Chile se repartieron los contratos durante años, en un cartel mundial de 'respeto de cuentas': cada una se quedaba con sus clientes y no competía por los del resto. El sobrecosto viajaba escondido en el precio final de cada auto. La Corte Suprema confirmó multas por ~US$30,5 millones — tras un giro: el primer tribunal había dejado libres a tres por prescripción.
Casi todos los autos que se venden en Chile llegan por barco. Y durante años, las navieras que los traían —seis grandes, de Chile, Japón y Corea— no competían entre sí: se habían repartido los contratos de cada fabricante en un acuerdo mundial. Menos competencia, flete más caro, y ese sobrecosto terminaba sumado al precio del auto que pagaba el consumidor sin saberlo.
El caso tiene una novedad: dos empresas se delataron (CSAV primero, NYK después), algo que no había pasado antes en un mismo cartel chileno. CSAV quedó exenta; el resto pagó.
Lo que hace memorable a este caso en lo jurídico es que estuvo a punto de quedar casi impune — y la Corte Suprema lo revirtió.
El daño de este cartel no se ve en una góndola, sino en el precio del auto. Cada vehículo importado carga un flete; si ese flete estaba coludido, lo pagaste tú al comprar. Calcula cuánto pudo significar por tipo de auto.
El cartel encareció el flete, y ese sobrecosto se sumó al precio final. Ajusta el sobreprecio del flete (%) y mira cuánto pudo significar en cada tipo de auto.
Las afirmaciones del caso, separando el dato del relato:
El cartel de las navieras se coordinó por años a escala global. En Chile, las herramientas para perseguirlo se reforzaron justo en esa época.
La lección: el flete de los autos que compramos se encareció por un acuerdo global invisible. Que Chile lo detectara y sancionara muestra que la cooperación internacional sí funciona — pero el sobreprecio que pagó el consumidor final nunca se devolvió.
El cartel de las navieras se coordinaba fuera de Chile y movía tarifas de flete que el consumidor nunca ve directamente. Es de los más difíciles de detectar desde afuera.
Un civil prácticamente no puede detectar un cartel internacional de fletes: ocurre fuera del país y con tarifas opacas. Este se destapó por la cooperación entre agencias de competencia del mundo. Lo que falta: transparencia pública de tarifas navieras para que el sobreprecio del flete sea visible.
Navieras es el cartel que nadie veía: ocurría en alta mar, entre empresas extranjeras, sobre un costo —el flete— que el comprador de un auto jamás desglosa. Aun así dejó huella en el precio final de casi todos los autos importados al país.
Y tiene una nota distinta para el registro VIP: aquí la Corte Suprema endureció el castigo en vez de rebajarlo, rechazando la prescripción que había dejado libres a tres. La excepción donde el sistema apretó en la última instancia.